Jardins de Passiflore

 

 

La evolución de la raza bóxer, desde su formación en 1895 hasta nuestros días, se ha mantenido en constante avance a lo largo de los años. Vertiginosa en algunos momentos, y algo más estancada en otros, dicha evolución ha ido conformando cada matiz morfológico, caracterológico y funcional hasta acercarlos muy satisfactoriamente al ideal marcado por el estándar. Si el siglo XX sirvió para dar forma adecuada a la raza, el siglo XXI debe ser el que consiga el avance definitivo hacia aquellos valores en los que aún se muestran carencias. Mirándonos en el espejo de otras razas estabilizadas desde hace ya años, podemos identificar cómo el bóxer debe convertirse, en su conjunto, en un perro más homogéneo, con mayor número de diferentes líneas de sangre de gran calidad que nos sirvan de complemento y rebajen el nivel endogámico, alarmante en ocasiones, en el que nos encontramos actualmente en Europa y que nos están haciendo pasar, en estos principios de siglo, por uno de esos períodos de estancamiento a los que hago referencia.

 

Los constantes avances en todos los campos de la ciencia, junto con una mayor accesibilidad al conocimiento y un óptimo concienciamiento en cuanto a la importancia de la salud, la alimentación, el carácter y la genética, además de la morfología, ha colocado a la sociedad boxerística en un punto muy favorable para abordar aquellos aspectos en los que son necesarios seguir puliendo la raza, teniendo a nuestra disposición un amplio abanico de herramientas para conseguirlo, y dar el empujón definitivo para que el bóxer llegue a ser el perfecto perro que todos deseamos.

 

Una de estas valiosas herramientas que tenemos a nuestra disposición es el conjunto de 20 Principios Básicos de Crianza que desarrolló Raymond Oppenheimer el pasado siglo. Raymond Oppenheimer ha sido uno de los más prestigiosos criadores caninos de la historia. Estudioso de todos los campos que envuelve la cinofilia, es reconocido aún hoy como uno de los criadores más respetados y de mayor relevancia de la historia del Reino Unido, y la sangre de los bull terriers criados por él con el afijo Ormandy aún se conserva en la mayoría de las más exitosas líneas actuales de esa raza. Aún siendo escritos específicamente para la cría de bull terrier, estos Principios son perfectamente aplicables a la crianza selectiva de cualquier otra raza, como haremos en esta ocasión con el bóxer, profundizando en cada aspecto teniendo en mente las necesidades específicas del bóxer moderno y aplicándolas a un desarrollo sostenido y exitoso a lo largo de éste siglo XXI.

 

El estudio se dividirá en dos partes. En esta primera parte que estamos tratando consideraremos los primeros 10 Principios Básicos de Crianza, que hacen particular referencia a los cruces cerrados y a los cruces en línea, la crianza exitosa, el individuo como reproductor, el error del autoengaño y el uso de reproductores de baja calidad y, sobre todo, la necesidad de tener un punto de vista realista en todas las facetas de la cría selectiva para que esta sea exitosa.

 

“1.- No haga uso de Outcross indiscriminadamente. Un juicioso Outcross puede ser de gran valor; uno insensato puede producir un agregado de toda falta imaginable de la Raza.”

 

En este primer punto se hace referencia al que nosotros denominamos como Cruce Abierto. Cuando se habla de un cruce abierto juicioso lo podemos aplicar en el sentido de refrescar una línea de sangre, por ejemplo, en la que hallamos excesiva consanguinidad. En este caso nos encontramos con que el ejemplar con ese alto porcentaje de consanguinidad trasmitirá un fenotipo muy similar al suyo, puesto que el genotipo es tremendamente dominante, así que aún realizando un cruce abierto no perderemos, por norma general, el tipismo de esa línea de sangre, y sin embargo habremos refrescado el patrón genético y nos habremos librado de un plumazo de problemas causados por la depresión consanguínea. El problema vendría en cruzar en abierto con otro ejemplar con tanta consanguinidad como éste, por lo que ese cruce sí que sería una lotería, y más aún si el cruce no es complementario, ya que además de lotería sería una locura. El mismo problema podríamos encontrarnos al realizar un cruce abierto entre ejemplares cuyo porcentaje de consanguinidad sea muy bajo, es decir, que provengan desde hace varias generaciones de cruces muy abiertos. Ahí de nuevo nos encontraríamos con un cara o cruz, que puede dar un excelente resultado... o una camada de perros que sean cualquier cosa menos boxers. En caso de hacer cruces como el último que he descrito, nos podemos ayudar realizando un progeny-test, estudiando compatibilidades de otros cruces similares, etc. pero no dejará de ser muy arriesgado.

 

El panorama actual en el que nos encontramos no destaca de ninguna manera por la realización de este tipo de cruces abiertos, ni mucho menos. Los cruces con un alto grado de consanguinidad son mucho más comunes, la nota dominante que marca hoy en día el paso. Sería bueno que nos replanteáramos volver al outcross de vez en cuando, y lo antes posible, con cabeza y como se indica en este primer punto, algo que no nos resultará nada difícil con los ejemplares de los que disponemos. Sencillamente deberemos seleccionar otras líneas de sangre complementarias que no estemos utilizando y empezar a incorporarlas, con conocimiento y concienzudamente, desde ya en nuestra metodología de cría.

 

“2.- No haga Linebreeding solo por el fin de hacer Linebreeding. Linebreeding con tipos complementarios puede traer grandes recompensas; con inapropiados va a ir de cabeza a un desastre inmediato.”

 

El linebreeding se refiere al cruce consanguíneo en línea que se realiza generalmente sobre un mismo ejemplar. Es algo diferente al inbreeding (podríamos decir que es una variedad de éste), puesto que este último se refiere a cruzar en consanguinidad entre padres-hijos-hermanos-etc. pero el cruce en línea se suele basar en un único ejemplar. Al cruzar en línea con un ejemplar lo que buscamos es fijar sus virtudes. Generalmente se hace con ese “superbóxer” por el que sentimos gran admiración. Esto se puede realizar cruzando a una hembra con su padre (esto sería inbreeding) y después, a las cachorritas resultantes de esa camada volverlas a cruzar con el abuelo, y así sucesivamente. De esta forma nos encontramos con una consanguinidad del tipo 2-3-4-5-etc., cuando en un inbreeding puro y duro simple la consanguinidad podría ser 2-2, 2-2 (cruce entre hermanos de camada) o 1-2, 2-3, 2-3,... (cruce padre-hija / madre-hijo), por ejemplo. El peligro del linebreeding es que cruzáramos con ejemplares que comparten los mismos defectos. En ese caso fijaríamos en el genotipo esos defectos fuertemente. Además, podríamos desarrollar otro tipo de defectos que habían permanecido ocultos recesivamente en los genes. Es por esto que en cualquier cruce consanguíneo hay que estudiar muy bien qué es lo que transmite esa línea y cuáles son lo problemas típicos y los no tan típicos que los ejemplares de esta suelen o pueden manifestar. Aquí la ayuda puede ser que cuando empecemos con el linebreeding lo hagamos con un ejemplar que provenga de un cruce abierto. Por ejemplo, si el primer cruce, como he ejemplificado, lo hacemos de una hembra con su padre, tratar que la línea materna no tenga nada que ver con la paterna. Además, de vez en cuando en lugar de cruzar directamente con ese ejemplar a uno de sus descendientes, lo que podemos hacer es cruzar con un hijo de ese semental cuya línea materna sea abierta. Son solo algunas ideas de cómo hacerlo sin jugárnosla, pero puede haber otras variantes. La gran ventaja es que podemos desarrollar una línea de cría en la que la mayoría de los ejemplares sean muy parecidos morfológicamente a ese gran bóxer al que admiramos, pudiendo mejorar incluso los defectos que este tuviera, y que a la vez transmitan un fenotipo similar. Un gran recurso para desarrollar nuestro propio “tipo” de bóxer en base a nuestro perro modelo. De hecho, aunque no podamos cruzar con ese ejemplar por la razón que sea, siempre podremos cruzar en línea con él utilizando para los cruces a descendientes suyos lo más cercanos y parecidos posibles. Lo que siempre deberíamos procurar en este último caso es que el punto de consanguinidad sea exclusivamente ese  “bóxer-origen”, pues si la consanguinidad es con algún otro ejemplar más, difícilmente conseguiremos nuestro objetivo.

Hoy en día nos resultaría muy útil realizar linebreeding sobre ejemplares de líneas de sangre poco utilizadas en nuestro país. Así vigorizaríamos la cabaña boxerística con ejemplares homogéneos y buenos transmisores de ciertas virtudes específicas dominantes. Un paso más, y para nada arriesgado, que nos ayudaría a salir del estancamiento.

 

“3.- No tome consejo de gente que siempre ha sido desafortunada en la crianza. Si sus opiniones fueran para tener en consideración, lo tendrían que haber probado por sus resultados.”

 

Esta afirmación es muy lógica y cae por su propio peso. Creo que en este caso el principal problema resulta de evaluar qué es el éxito de la crianza, a qué podríamos llamar resultados afortunados. Mucha gente, y no digo que eso esté mal, lo evalúa dependiendo de la cantidad de perros campeones que haya tenido tal o cual afijo. Generalmente este tipo de criadores solo suele cruzar con ejemplares campeones. Un caso claro es el del afamado criador estadounidense Richard Tomita (del afijo Jacquet’s). Él dice esto en uno de sus libros: “La mayoría de los criadores responsables no utilizará como reproductor a un macho sin títulos a menos que tenga atributos considerables que ofrecer”. Es una forma de verlo. También hay que tener en cuenta que existen Campeones y campeones... yo creo que Tomita se refiere a los primeros, por lo que no nos ha de valer cualquier bóxer que tenga un Ch. delante de su nombre. El ejemplo opuesto es el de la gran criadora y jueza Karin Rezewski (del afijo vom Schütting), quien se trajo al continente a uno de los perros más emblemáticos de la historia: Witherford Hot Chestnut. Aunque ha cruzado con diferentes campeones, es muy habitual encontrar en muchos de sus cruces perros menos conocidos, sin ningún título, provenientes de líneas diferentes a las que se utilizaban en ese momento y que aportaban lo que ella creía conveniente para su cría. Ella dice “es así de sencillo obtener buenos resultados manteniendo, más o menos, una línea saludable. ¿Por qué debería arriesgarme a cruzar con el campeón de turno? ¿Para tener el título de campeón en los pedigríes? NO.”. Como podéis apreciar la forma de evaluar la fortuna en la crianza es un poco variable, pero en lo que tanto Tomita como Rezewski están de acuerdo es en que hay que utilizar ejemplares de calidad, sanos, equilibrados y que aporten a la raza cosas positivas para que esta siga una progresión ascendente, tengan o no títulos de campeón. Desde luego son dos personas de las que sí podemos tomar consejos.

 

“4.- No confíe en la creencia popular de que el hermano o hermana del Gran Campeón es tan bueno como él para criar. Para cada uno que lo es, hay cientos que no. Depende del animal.”

 

Muchas veces caemos en el error de considerar igual de válidos para la crianza a los hermanos o familiares cercanos de los grandes reproductores que a estos mismos, pero en la mayoría de los casos no es así. Es cierto que en ocasiones, y en unas líneas más que en otras, nos encontramos con un amplio grupo de excelentes reproductores dentro de un mismo núcleo familiar, pero no es la norma habitual. Es por esto que no debemos dar por sentado que si con un ejemplar obtenemos magníficos resultados también los vamos a obtener por igual con alguno de sus hermanos o de sus hijos. Sé que esto es algo bastante lógico, pero después muchos nos olvidamos de esa lógica y caemos en el vicio de buscar familiares de ese gran reproductor (o reproductora) cuando quizá tengamos una mejor opción con otro ejemplar diferente de una familia menos “famosa”. Esto también lo quiero hacer extensivo a los afijos. Por el simple hecho de que un ejemplar es de tal afijo en muchas ocasiones damos por sentado que es mejor que cualquier otro, que se debe pagar más dinero por él porque sí, e incluso se da esta circunstancia muchas veces ¡sin siquiera conocer a los padres! No dejemos que el “peso” del afijo decida por nosotros.

Además del “afijismo”, es muy habitual el uso de ciertos boxers porque son hijos, nietos o bisnietos de tal o cual campeón. Eso no nos asegura en ningún momento que por tener cierto porcentaje genético de tal ejemplar vaya a reproducir como aquel ejemplar, ni mucho menos. Simplemente nos servirá de orientación. Hoy en día tenemos en muchas ocasiones esta tendencia, y no nos atrevemos a salirnos en muchas ocasiones de esa línea. ¡Peligro!. Ese es el primer paso hacia la endogamia generalizada y los devastadores efectos de la depresión consanguínea.

 

“5.- No acredite a sus propios perros virtudes que no poseen. El autoengaño es un escalón que fracasa.”

 

Un buen amigo mío que se dedica desde hace ya bastantes años a la cría y selección de boxers suele decir: “de cachorros, todos los boxers son campeones del mundo.” Es normal y comprensible dejarnos llevar por la ilusión al ver un bonito cachorrito con pocos días de vida y empezar a crearnos nuestras buenas expectativas respecto a él… pero los cachorros crecen, y con ellos crecen también todas sus virtudes y defectos. Debemos ser capaces de dejar que el estándar de la raza nos guíe para reconocer aquellos aspectos en los cuales nuestro bóxer se muestre deficiente, o en los que se aleje en mayor o menor medida del ideal de la raza. Esto es lo único que nos podrá ayudar a elegir en el futuro el cruce complementario que más convenga para pulir en la siguiente generación de nuestra propia línea de cría todos estos defectos, al compensarlos con las virtudes heredables del otro ejemplar con el que realicemos el cruce. Al no hacernos conscientes de dichas deficiencias estaremos pisando con fuerza sobre un peldaño de una escalera de madera que ha sido carcomido interiormente y que se encuentra hueco y frágil. Dependiendo de la suerte que tengamos podremos hablar de un simple paso en falso que nos haya hecho perder el tiempo o de un solemne batacazo que trastoque seriamente todos nuestros planes de cría. En este último caso, es oportuno resaltar que los grandes golpes suelen venir dados por los errores repetidos, ya sea por ignorancia o por orgullo. Si seguimos, vez tras vez, acreditando a nuestros perros virtudes que no poseen, habremos caído irremediablemente en una espiral de la cual nos será muy difícil salir. Por lo tanto, informémonos bien acerca de todos los detalles del estándar de la raza, cotejémoslos humildemente para sacar cada pequeño o gran defecto de nuestros boxers y, dejando al lado nuestro particular orgullo, apliquemos de forma realista todos los datos recogidos cuando llegue el momento de realizar el cruce que podamos así denominar realmente como “Selectivo”.

 

“6.- No críe con mediocres. La ausencia de una falta de ninguna manera significa la presencia de su correspondiente virtud.”

 

El que un bóxer no tenga la boca estrecha no quiere decir que la tenga ancha, así como el que no tenga los ojos claros no indica que sean oscuros. Dentro de lo que denominamos como razas caninas, la raza bóxer es hipertípica en muchos aspectos, conseguida de forma forzada a base de cruces selectivos que han ido haciendo a lo largo de los años que los ejemplares se vayan adaptando cada vez más al estándar de la raza. Debido a esto, tenemos que ser conscientes de que todos los boxers tienden al normotipo canino. Así, si nos descuidáramos, los boxers irían teniendo hocicos más largos y estrechos, serían perros más alargados, menos musculados, con menos cruz y grupa más recta, y esto sería aplicable a muchos otros aspectos. Al criar siempre con ejemplares mediocres iríamos destruyendo la tipicidad de la raza. El bóxer, tal y como hoy en día lo conocemos, se ha fraguado generación tras generación, poco a poco, pero la crianza con ejemplares que no demuestren poseer las virtudes que se esperarían de un buen bóxer acabaría de forma radical con la calidad de nuestra cría en un par de generaciones. Así de rápido se puede deshacer un trabajo que ha necesitado de décadas para llegar al punto en el que hoy se encuentra. No nos podemos conformar con cruzar con ejemplares sin defectos, debemos hacerlo con ejemplares con virtudes, cuyos defectos iremos puliendo generación tras generación. Aquellas virtudes que nuestro bóxer no posea busquémoslas en el ejemplar con el que vayamos a realizar la monta, pero si el problema es que no posee ninguna virtud lo más prudente sería descartarlo de nuestro programa de cría selectiva.

El insistir, además, en cruzar cerrándonos sobre una línea de sangre con unos defectos conocidos y generalizados supondrá que, por muy buenos que sean el macho y la hembra, estemos realizando un cruce mediocre a todas luces, que aportará poco o nada a la mejora de la raza bóxer en nuestro país.

 

“7.- No trate de cruzar en línea a dos perros al mismo tiempo; va a terminar por no hacerlo a ninguno.”

 

En el segundo punto ya tratamos en qué consistía el linebreeding, o cruce en línea. En él quedó claro que el cruce en línea, por definición, solo se debía realizar sobre un único ejemplar (ya fuera macho o hembra). En caso contrario, el linebreeding como tal perdería todo su sentido, su cometido y su eficacia. Si bien es cierto que debemos buscar la siempre complementarización con otras líneas de sangre a la hora de realizar el cruce en línea, nunca deberíamos llevarlo a la práctica de forma consanguínea sobre dos o más líneas diferentes. La finalidad del linebreeding se desvirtuaría y no conseguiríamos ninguno de nuestros objetivos a la hora de fijar ciertas virtudes o de estabilizar una línea de cría propia. Muchos grandes criadores con gran éxito en su crianza han optado en alguna ocasión específica por el cruce en línea sobre dos ejemplares diferentes, pero en ese caso ambos eran descendientes de un mismo padre o madre, por lo que realmente la consanguinización se estaba realizando básicamente sobre este ancestro en común utilizando las otras líneas como apoyo para conseguir o reafirmar ciertas virtudes. De cualquier manera, este es un recurso a utilizar esporádicamente a causa de alguna necesidad concreta y no como rutina. También mencionamos anteriormente cómo el inbreeding, o cruce abierto, y todas sus variantes, no estaban sujetos a normas estrictas que nos indiquen cuál es el próximo paso que debemos dar de forma ineludible, pero sí que marcan claramente ciertas pautas a utilizar como pilares para desarrollar sobre ellas la metodología de cría que más conveniente creamos o, al menos, por la que optemos en cierto momento. El no hacer inbreeding con dos perros de diferentes líneas al mismo tiempo es una de esas pautas que nos conducirán por el camino del éxito.

¿Sobre qué línea deberíamos entonces hacer el cruce en línea? Si seguimos insistiendo en las mismas que han llevado al estancamiento de la raza, ¿no estaríamos realizando también un linebreeding equivocado? ¿No sería mejor hacerlo sobre nuevas líneas de sangre y utilizar las actuales como refresco sanguíneo puntual y como complementariación de las nuevas? A mí me parece que sería una determinación muy seria a meditar y tener en cuenta.

 

“8.- No determine el mérito de un semental por su más baja progenie. Todos los sementales producen basura a veces.”

 

De igual manera, tampoco hemos de elegir un semental fijándonos exclusivamente en el mejor de los ejemplares que haya reproducido. Entrando en el tema de la homocigosis, hemos de tener en cuenta que son ya muchas las voces autorizadas y especializadas que subrayan cómo esta cada vez es mayor y sus efectos se van manifestando día tras día de forma más clara y alarmante en nuestro país. Uno de los últimos y más ejemplificadores casos al respecto es el del experto juez y criador italiano Diego Vitali, donde explica en el número 28 del “Boletín Oficial del Boxer Club de España” los ‘efectos indeseables de una excesiva cerrazón genética que ya se revelan ante los ojos que miran con serena objetividad el conjunto de la cría española… y también italiana’. Sobre estos efectos, Vitali especifica y destaca ‘la ausente convergencia cráneo-facial, el color de ojos casi nunca oscuro, el volumen óseo y, consecuentemente, la inserción muscular intensamente corta, tan poco funcional como poco armónica a la vista, y por último, aunque no necesariamente por orden de importancia, una escasa armonía y distinción de los ejemplares’.

En muchas ocasiones, esa “baja progenie” a la que Oppenheimer hace referencia, se debe más a este generalizado problema de homocigosis y sus manifiestos efectos de depresión por consanguinidad, que a un problema puro y objetivo de fenotipo o genotipo. Hemos de tener muy en cuenta esta situación a la hora de examinar el por qué de esa mala descendencia, a pesar de que en ocasiones se haya dado incluso tras realizarse el cruce con una hembra excelente y complementaria, morfológicamente hablando.

En el otro extremo de la balanza, siendo justos al respecto, estos ejemplares tan genéticamente cerrados pueden resultar ideales si nos proponemos abrir líneas, puesto que al tener tan fijadas muchas de las virtudes que en ocasiones manifiestan, ese outcross que llevemos a cabo entre él y nuestro ejemplar nos asegurará hasta cierto grado, como ya antes mencionaba, la tipicidad y virtudes que esa línea manifiesta (al igual que, ojo, pudiera pasar lo mismo con sus defectos. De ahí nuestro trabajo de investigación y buen hacer a la hora de realizar nuestra Cría Selectiva). Esto refrescaría esa genética saturada y produciría el efecto heterótico tan deseado en la crianza de cualquier tipo de raza o especie. Estudiemos, si es posible, la calidad media de la progenie de ese ejemplar en los cruces que haya realizado con otros sujetos de morfología y genealogía similar al nuestro, y nos podrá dar una idea mucho más acertada de lo que podremos obtener si al final decidimos cruzar con dicho ejemplar.

 

“9.- No permita que sentimientos personales influencien su elección de un semental. El perro correcto para su hembra es el perro correcto, quienquiera que lo tenga.”

 

De acuerdo. Ya hemos elegido el ejemplar conveniente para el cruce y ahora… ¿hay algo “externo” que nos impida cruzar con él? ¿Viejas rencillas con su propietario? ¿El “qué dirán” ciertas personas respecto a dicho cruce? ¿Tal vez en cierta ocasión dijimos ‘nunca cruzaré con este perro’ y resulta que ahora tenemos que tragarnos estas palabras? Ninguno de estos motivos, o más bien excusas, me resultan válidos si debido a ellos vamos a condicionar el cruce que resulte más óptimo y que nos pudiera ayudar a avanzar hacia la mejora, no ya solo de nuestra línea de sangre o de nuestro criadero, sino de la raza bóxer en general. Los boxers no entienden de rencillas. Monta efectuada, monta pagada, y todos tan contentos. La opinión negativa de otras personas porque nos decidamos por ese semental, si esta opinión es simplemente debida a prejuicios, solo nos indicará que no son las personas adecuadas para rodearnos y dejarnos influenciar si queremos progresar en nuestra cría. Y si el motivo es que en un principio renegamos de tal ejemplar, nos podemos encontrar con dos vertientes diferentes: la primera es que en ese momento no disponíamos de la hembra conveniente para cruzar con él, por lo que no hemos tan siquiera de retractarnos por tales palabras; y la segunda es que hablamos con demasiada ligereza y sin reflexionar verdaderamente sobre el valor de ese bóxer. Si es así, es mucho más honrado reconocer nuestro error, intentar no volver a repetirlo en el futuro y cruzar con él, que no dejarnos corroer por el orgullo y dar al traste con un serio proyecto de crianza por no dar nuestro brazo a torcer y no decir ‘donde dije digo, digo Diego’.

Pienso que no es necesario seguir extendiéndose mucho más en este punto, puesto que todos entendemos perfectamente a lo que aquí hago referencia. También sé que es mucho más sencillo decirlo que hacerlo, pero si no por nosotros, al menos hagámoslo por el bien de nuestra querida raza. Sinceramente, creo que bastantes de nosotros conocemos muchos casos que han condicionado muchos cruces, y estoy seguro de que ello no ha beneficiado para nada la mejora de la raza en nuestro país, sino todo lo contrario, y en cierto grado es parte de la causa que nos ha llevado a este estancamiento parcial de principios de siglo.

 

“10.- No permita que la admiración por un semental lo ciegue a sus faltas. Si usted lo hace, pronto va a ser víctima de autoenvenenamiento.”

 

Anteriormente ya hemos hablado de cruces abiertos, cerrados y en línea, y las diferentes formas de poder llevar a buen término cada uno de ellos. Podemos pensar que el problema podría surgirnos cuando queremos cruzar con un magnífico semental al que admiramos y no tenemos, por muchas vueltas que le demos, la hembra adecuada en nuestro criadero. Pero ese no es el verdadero problema, porque en este caso sabemos lo que tenemos que hacer: cruzar con otro. El gran problema surge cuando sí creemos que es el ejemplar adecuado y no lo es. Cuando pensamos que va a corregir ciertos defectos, y no lo va a hacer. Cuando esperamos un avance cualitativo y lo que vamos a obtener es una parada o, peor aún, un retroceso. A ese problema lo vamos a llamar “envenenamiento por autoengaño”.

El envenenamiento por autoengaño es malo, muy malo. Nos hace perder la objetividad, y adiós a nuestro plan de cría. Nos hace creer que cruzar con el mejor bóxer del mundo (que puede que lo sea) significa éxito, pero el éxito no viene de cruzar con el mejor del mundo, sino con el mejor para nuestra hembra. Como el bóxer perfecto no existe, todos tienen sus defectos, y quizá los defectos de ese superbóxer sean los menos adecuados para incluirlos en nuestro plan de crianza. No nos dejemos cegar por tal o cual campeón, ni pensar ‘si todos cruzan con él será porque es con el que debo cruzar yo también’, o ‘si a otros les funciona a mí me funcionará’. Si un semental nos parece tan bueno que no le vemos ningún defecto, ¡mejor no crucemos con él! Hay un excelente criador que siempre dice que es mejor cruzar con ejemplar displásico antes que con uno que no tenga pruebas de displasia, porque así al menos sabemos que lo es y estaremos concienciados de que es algo que debemos solucionar. Con esto no quiero decir que debamos cruzar con boxers displásicos, ni mucho menos. De hecho él no cruza ni con displásicos ni con los no radiografiados, pero nos sirve para ilustrar cómo el ser conscientes de un problema nos ayudará a complementarizarlo y solucionarlo, y que el ignorarlo u obviarlo nos llevará al autoenvenenamiento. Es un hecho que todos podemos caer, o hemos caído en algún momento, en este error, y también lo es que siendo más objetivos podremos elevar la calidad media de los boxers criados en España y, exponencialmente, también el número de grandes campeones. Citando, como conclusión, a Jorge Bucay: ‘Si lo que ves se ajusta “a medida” con la realidad que a ti más te conviene… ¡desconfía de tus ojos!’.

 

Hasta aquí la primera parte. En el próximo número de la Revista TodoBoxer abordaremos los 10 últimos Principios Básicos de Crianza que tratarán de explicar cómo cruzar ejemplares con cierto tipo de faltas, la diferencia entre un bóxer completo y uno perfecto, la complementarización, la tipicidad, la sustancia y la calidad del bóxer, y finalmente el respeto por la raza y la búsqueda de la perfección.

 

Un cordial y afectuoso saludo a todos los lectores de la Revista TodoBoxer.

 

José Mª Guilabert Martínez,

Bóxer de la Tierra Prometida.